Ojo enamorado

Ojo enamorado
En tu mirada

viernes, 17 de diciembre de 2010

ACERCA DE LA SORDERA DIVINA

AYUDA DIVINA
Por Ernesto de la Fuente

En la vida se cometen muchos errores, necesarios muchos de ellos porque ayudan a aprender y mejorar como ser humano. No obstante, por algunos errores se debe pagar un precio muy caro por el resto de la vida. Uno de esos errores lo cometí al casarme con una mujer que “creí”, iluso de mi, sería la compañera para toda mi vida. Más equivocado no podría estar, y después la vida se encargó de irme cobrando en cómodas mensualidades mi terrible equivocación.

Con todo, una luz se abrió en mi camino y encontré a una sencilla y hermosa mujer que me hizo recobrar a fe en la belleza de las relaciones humanas. Nos conocimos, tratamos y acabamos uniendo nuestras vidas. La felicidad hubiera sido completa a no ser que, debido a mi error anterior, no me pude casar con ella por la Iglesia. Eso fue algo que me pesó, ya que la familia de ella era sumamente católica y, aunque aprobaban nuestra relación porque la veían a ella feliz, les lastimaba en el alma que su situación ante la Iglesia hubiera quedado irregular, haciendo que ella no pudiera acceder a los sacramentos de la confesión ni la eucaristía.

Sintiéndome culpable por esto, fui al Tribunal Eclesiástico para iniciar el proceso de anulación del matrimonio, el cual consideraba era factible dadas ciertas irregularidades que había cometido al casarme la primera vez. Pero me topé con un horroroso inconveniente: mi ex esposa era familiar cercano de uno de los jueces del tribunal y este “buen hombre” obstaculizó todos mis intentos por llevar a buen término el proceso de anulación.

Finalmente, sólo me quedaba una carta por jugar. Un sacerdote se había ido a Roma a estudiar en la Pontificia Universidad para luego regresar como integrante del Tribunal Eclesiástico. Era mi última oportunidad, pero como no lo conocía, tenía el enorme temor que el juez que me obstaculizaba el proceso lo pusiera en mi contra y se me negara totalmente la anulación del matrimonio.

Desesperado, fui a rezar a la capilla del Santísimo donde habían rezado por generaciones las mujeres de mi familia, de raíces católicas por la vía materna y ateas por la paterna. Recuerdo que le supliqué a Dios me diera una nueva oportunidad de rehacer mi vida de una manera acorde a su voluntad. Los días pasaron y no veía que nada ordinario ni extraordinario sucediera. El nuevo juez había llegado de Roma y ya había concertado una cita para verlo, pero con una fecha tan posterior a su llegada, que me temí ya lo hubieran puesto sobre aviso de mi caso y que también me cerrara las puertas.

La noche anterior a la cita, me acosté tarde después de repasar todos los papeles. Tenía  la certeza de que Dios no había escuchado mis oraciones. En mi corazón había llegado a la convicción de que Dios era sordo a las necesidades de sus hijos y que no movía un dedo por ayudarlos. Agotado, caí en sueño profundo. Y entonces soñé. Me encontraba en una enorme iglesia que no conocía donde se estaba llevando a cabo una importante celebración religiosa. Había gente que entraba en procesión, sacerdotes en el altar y otros dirigiendo las procesiones. Estaba sentado junto a un sacerdote de lentes, no joven ni viejo, que seguía la ceremonia con suma atención y detalle.

Cual no sería mi sorpresa al reconocer en él al mismo sacerdote con quien tenía que hablar al día siguiente. Se me hizo algo muy extraño, y más cuando le dirigí la palabra y conversamos amablemente sobre lo que sucedía a nuestro alrededor. No recuerdo por qué motivo le pregunté en qué año estábamos, y me contestó que estábamos tres años antes de la fecha real en que yo vivía. Entonces, se me ocurrió algo descabellado y le dije: “Dentro de tres años usted va a terminar sus estudios en la Universidad Pontificia. Se graduará con honores, Suma cum lauden, y el mismo señor Arzobispo asistirá a su examen junto con su padre”.

El sacerdote me miró con extrañeza y me dijo: “Mi padre está muy enfermo, no creo que viva tres años más. Y el viaje a realizar los estudios es algo que todavía estoy pensando si podré hacerlo ya que no dispongo de apoyo económico”. Entonces lo miré a los ojos y le dije con profunda seriedad: “Todo lo que le estoy diciendo es total y absolutamente ciertoSólo le pido que cuando todo lo que le dijo ocurra, recuerde que fui yo quien se lo dijo”. El hombre de Cristo se me quedó mirando algo extrañado y sonrió condescendientemente. Tal vez pensó que no estaba muy bien de la cabeza.

Luego, no sé que más pasó en mi sueño y desperté con la extraña sensación de haber tenido experiencia onírica bastante inverosímil. Me levanté, mal desayuné y me encaminé presuroso al edificio del Tribunal Eclesiástico. Ahí, luego de esperar unos 15 minutos, fui introducido ante la presencia del nuevo juez recién llegado de Roma.

Fue un encuentro totalmente inusual. Se levantó para estrecharme la mano y, tan pronto me vio quedó confundido. Me miró una y otra vez cuando nos sentamos y, cuando intenté exponerle el motivo de mi visita, me interrumpió amablemente y me dijo: “Hace tres años me encontré con usted en una ceremonia religiosa. Recuerdo muy bien que conversamos y usted me dijo que dentro de tres años terminaría mis estudios con honores y que el señor Arzobispo asistiría a mi examen junto con mi padre. No le creí nada de lo que me dijo, pero todo se cumplió tal y como me lo dijo. Y ahora, después de tres años de no verlo, lo vuelvo a encontrar”.

Me quedé con la boca abierta y no supe que contestar. Él, al ver mi turbación, me dijo: “Dígame en que le puedo ayudar y tenga plena confianza que lo ayudaré en todo lo que esté a mi alcance”. Repuesto del asombro, le expliqué el motivo de mi visita y me escuchó con mucha atención. Le mostré toda la documentación y las respuestas que hasta ahora me había dado el Tribunal. Tomó nota y me dijo con suma amabilidad: “Creo que su caso si procede. Permítame analizarlo con los demás integrantes y regrese a verme en dos semanas.”

Me fui de ahí con sentimientos encontrados, entre alegría, asombro e incredulidad. Dos semanas después se me informo que mi caso procedía y seis meses después llegó el dictamen final que me permitió casarme por la iglesia con mi esposa. Ahora, a cualquiera que me diga que Dios no escucha nuestras oraciones, le doy un buen sopapo. ¿Cómo que no nos escucha si está siempre junto a nosotros? Ya el arcángel San Gabriel se lo dijo a una muy humilde muchacha en Nazaret: “porque para Dios no hay nada imposible

lunes, 13 de diciembre de 2010

OBRA DE TEATRO NAVIDEÑA

PAN CON FRIJOLES

Por Eduardo Ruz Hernández

ACTORES:

ALFREDO (Papá siempre preocupado, cargando con problemas que no comenta, ceño fruncido, pocas palabras, gestos parcos)

CARMEN (Mamá preocupada por todo el mundo, deseosa de que su familia esté bien, tenga lo mejor y sea modelo de felicidad)

GERARDO (Hijo mayor inconforme, insatisfecho, deseoso de amar y ser amado, en búsqueda de una identidad familiar)

REINA (Hija alegre, sociable, fiestera, deseosa de verse siempre guapa y agradar a todos)

ALFREDITO (Hijo menor acelerado, alegre, lleno de energía y sumamente exigente)

MARTHA (Tía vecina que siempre está visitando a su sobrina, noble pero muy apegada al “qué dirán”)

MARÍA (Tía vecina que siempre está interesada en la vida de otros, para no vivir la suya).


PRIMER ACTO:

APARIENCIAS TRAICIONERAS

Se desarrolla en la mesa de la cocina. Es de mañana y Carmen se mueve de un lado a otro sirviendo el desayuno, Reina está sentada leyendo una revista de la farándula. Gerardo come despacio su cereal. Alfredito está jugando su celular. Entra don Alfredo de traje y corbata, con su portafolio y, muy serio, toma el café de pie haciendo caso omiso de lo que lo rodea.

CARMEN: ¿Sólo eso vas a tomar? Te hice unos huevitos Motuleños, tus favoritos.

ALFREDO: Es tarde. No me da tiempo.

Hace por marcharse, pero su esposa agrega:

CARMEN: No se te olvide que hay que planear la cena del 24. Este año nos toca recibir a toda la familia.

Don Alfredo hace cara de contrariedad, aprieta los labios, da la media vuelta y se marcha. Carmen levanta los brazos y reclama al vacío.

CARMEN: ¡Por Dios! Parece que vive en otro planeta ¿Qué le pasa?

Sus tres hijos voltean a verla. Reina, haciendo cara de “otra vez mamá con sus cosas”, se marcha llevándose la revista. Alfredito se levanta, brincotea alrededor de la mesa y se va. Sólo quedan Gerardo y su madre.

CARMEN: Gerardito ¿qué piensas que deberíamos dar de comer para el 24? ¿Pavo relleno de nueces y alcachofas? ¿Pavo a la San Simón? ¿Pavo en bud negro aderezado con Lomitos de Valladolid? ¿Pavo semiahogado en tres salsas?

 Hace una pausa, piensa y contraataca

CARMEN: ¿Pierna alemana claveteada con piña? ¿Pierna enchorizada con puré de papas y brócoli? ¿Pierna asada en salsa vienesa? ¿Pierna horneada con salsa de kardamomo y albahaca?

Hace otra pausa y arremete nuevamente a un ya asustado hijo que agarra horrorizado su plato.

CARMEN: ¿Bacalao a la gallega? ¿Camarones soasados en salsa de cilantro y ajo? ¿Atún blanco en salsa de xkatic y champiñones? ¿Pulpo en su tinta estilo Sisal? ¿Salmón entomatado con berenjena...?

Visiblemente asustado Gerardo la interrumpe.

GERARDO: ¡¡¡¡¡¡MAMÁ!!!!!!!

La mamá brinca saliendo de su trance y mira a su hijo.

GERARDO: ¿Va a ser una cena familiar o una degustación gastronómica de algún exótico restaurant vallisoletano para turistas?

Carmen se arregla el pelo y comienza a recoger los platos.

CARMEN: Vamos… solo quiero saber tu opinión. Somos una familia y siempre es bueno saber lo que todos opinan al respecto.

Gerardo la mira con ojos incrédulos. Se pellizca, se acerca a ella y le mira bien la cara verificando si realmente es su madre.

GERARDO: ¿Verdaderamente quieres saber mi opinión?

CARMEN: Claro, por supuesto. No te preguntaría sino estuviera interesada en escucharte.

Gerardo se pone a hablar en tanto su madre recoge la mesa, se ajetrea y da muestras de estar haciendo todo, menos escucharlo.

GERARDO: Quisiera que fuera una cena muy sencilla en que conviviéramos unos con otros. Ver a papá alegre y a ti sentada conversando con nosotros en lugar de estar dando vueltas de la cocina al comedor… Así que me gustaría que cenáramos algo sencillo como tortas de pavo.

El hijo se emociona describiendo la posible escena.

GERARDO: Podríamos cortar el pavo en pedazos, asarlo en el comal, lo deshebramos entre todos y, con ese pan para tortas tan rico que venden en La Perlita, hacemos unas tortas con esa deliciosa mayonesa de tapa azul, y luego pasáramos al comedor a jugar como familia algo así como Dominó de 12, barajas, el Juego de la Oca, Serpientes y Escaleras, Maratón o Scrabble...

El muchacho se emociona aún más sin darse cuenta de que su mamá está más entretenida en arreglar la cocina que en prestarle atención.

GERARDO: Después iríamos al árbol a desenvolver los regalos. ¡Ah! Pero ahí habría que poner reglas: Que fueran regalos hechos por quienes los dan, no comprados.

El chico está completamente emocionado y sigue con voz alegre.

GERARDO: Es más, hasta podríamos interpretar una obra de teatro entre todos. Ya ves que al tío Ernesto le gusta escribir y nos podría ayudar con el guión. La tía Romelina podría ayudarnos con el vestuario, el tío Arturo con la música y los primos harían los bailables en tanto papá podría tocar la guitarra, Reina hacer una danza árabe, Alfredito rapear y …

Gerardo se queda sin palabras al percatarse que su madre está concentrada en las labores de la cocina y no le hace caso.  Mueve la cabeza, se queda en silencio un momento y después sale muy decepcionado del lugar. Carmen no se percata de su ausencia. En eso, Alfredito entra como bólido pegando de gritos.

ALFREDITO: ¡¡¡Mamá!!! ¡¡¡Mamá!!! ¡¡¡Mamá!!!

CARMEN: ¿Qué pasa corazón? ¿Por qué tanto grito sino estoy sorda?

Alfredito corre emocionado por toda la cocina, saltando, moviendo los brazos y sonriendo eufórico.

ALFREDITO: ¡Ya sé lo que quiero que me traiga Santa Claus! ¡Ya sé! ¡Ya sé! ¡Ya sé! ¡Ya sé! ¡Ya sé! ¡Ya sé! ¡Ya sé! ¡Ya sé! ¡Ya sé! ¡Ya sé! ¡Ya sé! ¡Ya sé! ¡Ya sé! ¡Ya sé!

Doña Carmen, a punto de estrangularlo para que se calle, le pregunta con fingido interés

CARMEN: ¿Y qué quieres que te traiga Santa Claus?

El hijo contesta emocionado y muy rápidamente.

ALFREDITO: Un iPad con Wi-Fi + 3G de 64 GB, un iPod classic con 160 GB, un IPhone 4, un Blu-ray Disc Movies in High Definition, un Xbox 360 de Lux, un Nintendo DS/Wii, un PSP 3 y … un bicicleta.

CARMEN: ¡¡¡¡¡CÓMO!!!!!

ALFREDITO: Un iPad con Wi-Fi + 3G de 64 GB, un iPod classic con 160 GB, un IPhone 4, un Blu-ray Disc Movies in High Definition, un Xbox 360 de Lux, un Nintendo DS/Wii, un PSP 3 y … un bicicleta.

CARMEN: ¿Nada más?

Alfredito niega con la cabeza.

ALFRDITO: No, es todo: Un iPad con Wi-Fi + 3G de 64 GB, un iPod classic con 160 GB, un IPhone 4, un Blu-ray Disc Movies in High Definition, un Xbox 360 de Lux, un Nintendo DS/Wii, un PSP 3 y … un bicicleta.

CARMEN: ¿Y qué quieres comer para la cena del 24?

ALFREDITO: ¡¡¡HAMBURGUESAS!!!

El niño sale corriendo ante la desesperación de su madre y entra Reina muy campante:

REINA: ¿Todavía en la cocina mamá? Deberías traer tu hamaca. Nunca sales de aquí.

CARMEN: Estaría menos aquí si tú me ayudaras.

Reina finge demencia y agarra un vaso para servirse agua.

CARMEN: Ya que estás aquí, ¿qué te gustaría cenar el 24?

REINA: Mmmmmm algo rico…

CARMEN: ¿Pavo?

REINA: No…

CARMEN: ¿Pierna?

REINA: No…

CARMEN: ¿Pescado?

REINA: No…

CARMEN: No me digas que hamburguesas…

REINA: Ay mamá, ¿cómo crees?

CARMEN: ¿Entonces?

REINA: Lasaña o de perdis espagueti…

CARMEN: ¡Ajá!

Reina se va y Carmen se queda triste en la cocina. Se sienta y en eso llegan sus familiares y vecinas Martha y María. Se saludan con alegría y se besan sonoramente en la mejilla.

MARTHA: ¿Qué tal Carmen? ¿Ya tienes todo planeado para el 24?

Con cara de decepción.

CARMEN: Para nada. Alfredo no me dice nada. Gerardo está en sus ondas ecoarmónicas, Alfredito quiere Hamburguesas y Reina comida italiana…

MARIA: Bueno, eso quieren ellos, pero aquí ¡TÚ! mandas: ¿Ya decidiste qué vas a hacer?

CARMEN: No sé… Estoy muy preocupada

MARIA: Ni me digas, es Alfredo ¿verdad?

Martha se acerca con cara de conspiración y dice con venenosa voz.

MARTHA: Lo vi entrar el otro día a casa de la vecina rica. La de la casa que parece pagoda china. Esa que no tiene marido estable y estrena autos a cada rato.

Ambiente de chisme. Visiblemente asustada Carmen dice:

CARMEN: ¿¿¿QUÉ LO VISTE HACIENDO QUÉ???

MARIA: Si, no te habíamos querido decir para no preocuparte, pero anda rondando a la vecina.

CARMEN: ¿Alfredo? ¿Mi Alfredo?

Las dos mueven la cabeza con aires de complicidad.

MARTHA: Así es sobrina. Se nos hizo escandaloso su comportamiento ¿Acaso no has notado nada raro en él?

CARMEN: Pues sí, anda muy callado. Como preocupado. Se duerme tarde y se levanta muy temprano…

MARIA: ¿Nada más? Digo, no has notado si…

Hace cara picaresca.

CARMEN: ¡¡¡NOOOOOOO!!! Para nada. El es muy formal en todo...

MARTHA: ¿En todo? Porque está muy raro eso. Yo que tú voy a ver a la coscolina esa y la enfrento.

Carmen se queda pensativa en tanto sus tías le siguen dando ideas.

MARIA: Si, hay hasta detectives muy buenos para investigar eso. La prima Leticia te puede recomendar a uno.

CARMEN: ¿Leticia? ¿La que se divorció y dejó sin nada al marido?

María mueve la cabeza en tanto Martha aprueba todo lo que dice.

CARMEN: No lo creo conveniente. Mejor hablo primero con Alfredo. Las cosas hay que resolverlas primero entre nosotros. Alguna razón debe existir para esas visitas.

MARTHA: Si, como no. Debe estarle dando algún servicio a la vecina…

Se escucha una música melodramática y las tres mujeres mueven la cabeza como si continuaran la conversación.


SEGUNDO ACTO:

SUFRIENDO LA DICHA FAMILIAR

Escena en penumbras o con poca luz, es igual. Carmen sentada y vestida con una bata de dormir, enfrenta a Alfredo, quien enfundado en su traje llega del trabajo.

CARMEN: ¿Se te hizo tarde mi amor?

ALFREDO: Si. Mucho trabajo.

Se hace un silencio incómodo en tanto Alfredo se quita el saco y la corbata.

CARMEN: Te llamé a la oficina y, como siempre, la secretaria me dijo que habías salido. Aunque debo confesar que, a veces, me dice que estás en una junta muy importante con el Gerente de Ventas.

Alfredo suspira y se queda quieto. Las preocupaciones lo abruman.

CARMEN: ¿No me vas a decir dónde estabas?

ALFREDO: Trabajando.

CARMEN: ¿Es todo lo que me dirás?

Silencio. Alfredo se sienta.

CARMEN: ¿Qué te pasa Alfredo? Ya no me quieres decir nada. Ni siquiera que quieres comer para la Nochebuena…

El hombre la mira y dice con suma ironía.

ALFREDO: Pan con frijoles.

CARMEN: ¿Cómo dices?

ALFREDO: Pan con frijoles.

CARMEN: ¿Qué te pasa? ¿Cómo vamos a comer pan con frijoles? Si es Navidad.

ALFREDO: Me preguntaste que quería comer y te contesté. ¿Para qué preguntas si no quieres oír la respuesta? Gerardo tiene razón: Sólo te escuchas a ti misma.

Carmen pone cara de indignación, se levanta, camina como para marcharse, pero regresa y encara a su marido.

CARMEN: ¿Por qué demonios dices que quieres comer pan con frijoles? ¿Tan mal cocino?

ALFREDO: Para nada. Cocinas como el chef más famoso del mundo. Tu comida es deliciosa. Riquísima. <Se toca la panza para confirmarlo>

CARMEN: ¿Entonces?

ALFREDO: Entonces nada. Nada, nada, nada…

CARMEN: ¿Me vas a decir que te pasa o tengo que írselo a preguntar a la vecina rica que vive en la pagoda china?

Alfredo se queda petrificado. La mira sorprendido.

CARMEN: Vaya, hasta que di en el clavo. Entonces es la vecina. Nunca lo pensé de ti… No lo puedo creer, esto ya parece un capítulo de la serie Esposas Desesperadas…

ALFREDO: Carmen, mi amor, no es lo que estás pensando…

CARMEN: ¿¿¿Y QUÉ ES???

Alfredo se levanta y abraza a su esposa. La besa dulcemente y le dice la terrible verdad.

ALFREDO: Me quedé sin trabajo.

CARMEN: Pero tu secretaria me dijo que…

ALFREDO: Le pedí que me cubriera para que no te enteraras y te preocuparas.

CARMEN: ¿Y a dónde vas todos los días cuando sales muy elegante? ¿No me digas que estás dando servicios a domicilio?

ALFREDO: ¡¡¡CARMEN!!! ¿Cómo crees? He estado buscando trabajo.

CARMEN: ¿Y desde cuando te quedaste sin trabajo?

ALFREDO: Desde septiembre. Hicieron recorte de personal y me echaron como mueble viejo.

CARMEN: ¿Y de qué hemos estado viviendo?

ALFREDO: De mi liquidación y, para ganarme unos pesos, estoy realizando ventas de seguros a domicilio.

Carmen lo mira angustiada. Él le explica.

ALFREDO: Por eso fui a ver a la vecina. Me está comprando un seguro de Gastos Médicos Mayores.

CARMEN: ¿Entonces no tenemos dinero?

Alfredo mueve la cabeza afirmativamente.

CARMEN: ¿Y nuestra cena de Nochebuena? ¿Y el pavo, la pierna, los mariscos?

ALFREDO: Si quieres los puedes hacer pero eso nos dejaría totalmente en la ruina.

Carmen abraza a su marido y los dos se consuelan.

CARMEN: Tengo una idea. Puedo vender comida. Me gusta cocinar y podría promocionarme entre nuestros amigos y vecinos.

ALFREDO: Se me olvidó decirte que tengo deudas por pagar: las tarjetas de crédito, Liverpool, Sears, Chapur, Suburbia, la colegiatura de Alfredito, el servicio del auto en el taller… no hay mucho capital…

CARMEN: Oh, no importa mi amor. En tanto tú y yo estemos juntos, saldremos adelante.

ALFREDO: Gracias mi amor… perdona por no habértelo dicho antes.

Ambos se estrechan amorosamente en tanto se escucha una música romántica y se apagan las luces.

TERCER ACTO:

REDESCUBRIENDONOS COMO FAMILIA

La familia está reunida en torno a la mesa. El público es parte de la escena y los actores hablan con ellos ya que representan a los familiares que acude a la cena de Nochebuena. Todos los integrantes de la familia, Gerardo, Reina y Alfredito, están a la expectativa ante la cena que servirá doña Carmen. Don Alfredo está vestido informalmente, sonriente y feliz.

CARMEN: Que gusto que hayan venido todos. Está es una Navidad muy especial para nosotros.

ALFREDO: Así es. Es una celebración como no hemos tenido otra.

Martha, que está sentada entre El Público, pregunta con maliciosa voz:

MARTHA: ¿Y qué delicia nos cocinaste esta vez Carmencita? Porque tus cenas son de antología.

María, que también está sentada entre EL Público, la secunda:

MARIA: Así es. No puedo esperar más para saborear alguno de tus deliciosos guisos. ¿Hiciste pavo pibil estilo Kanxoc? ¿Pierna gratinada con salsa marinera a la Mendoza? O tal vez ¿Xkatiques rellenos de camarones en salsa de cilantro?

Carmen se ríe, le da un sonoro beso a su esposo y les dice llevando un plato a la mesa:

CARMEN: Nada de lo que piensan. Hice unos deliciosos frijolitos refritos, con cilantro, su cebollita asada, chile habanero, espolvoreados con queso de sopa, y acompañados con pan francés que trajo de Tinum mi amado esposo.

Martha y María, que están sentadas entre el público, se levantan y ponen cara de espanto.

MARTHA: Pero niña… ¿Frijoles como plato principal para la cena?

MARIA: Nos estás tomando el pelo...

Se escuchan murmullos entre los familiares presentes fruto de los comentarios insidiosos de Martha y María. Alfredo se levanta y con la cara de felicidad más grande que pueda tener dice:

ALFREDO: Tengan por seguro que está es la mejor cena que les podemos ofrecer.

REINA: Pero papá estamos haciendo el ridículo ¿Cómo le vamos a dar frijoles a nuestros invitados? De saberlo me hubiera ido a casa de Josefina a celebrar la Navidad. Ahí su mamá encarga comida de los mejores restaurantes de Cancún y su papá lanza voladores que trae de los yunaites…

ALFREDITO: No me voy a llenar solo con frijoles y pan…

GERARDO: ¡Es una idea genial! ¡Me encantan tus frijoles nmami!

Las tías generan más murmullos mal hablando de la cena pero Alfredo las calla diciendo:

ALFREDO: Esta cena nos recuerda el verdadero sentido de la Navidad. Parecen haber olvidado que la primera cena de navidad consistió en simple pan, queso, leche y tal vez un poco de miel. Es la pobre cena que tuvieron María y José en aquella cuevita convertida en establo donde nació el niño Jesús.

Carmen mira con amoroso orgullo a su esposo.

CARMEN: Parecen haber olvidado que esa primera cena se logró gracias a las aportaciones de los pobres pastores de Belén que fueron a visitar al niño gracias al aviso del ángel.

GERARDO: Pero esa fue la mejor cena de todas las navidades porque, aunque no había riqueza ni abundancia, había amor y generosidad.

ALFREDO: Y estaba la familia junta, unida y feliz por el nacimiento de Jesús. ¡Que dicha más grande que tener la familia unida!

Todos hacen silencio y entonces se escucha la quejumbrosa voz de Alfredito que reclama.

ALFREDITO: ¿Y los regalos? ¿Y los juguetes?

CARMEN: Esos los traen los Reyes Magos. Pero tu padre y yo hemos decidido darte uno a ti.

Carmen va a buscar una bolsa de papel de lo más corriente y se la entrega a Alfredito, quien emocionado la intenta abrir lentamente en tanto pregunta:

ALFREDITO: ¿Qué es? ¿Mi iPad? ¿Mi iPod classic? ¿Mi IPhone 4? ¿Mi Blu-ray, mi  Xbox 360, mi Nintendo DS/Wii, mi PSP 3? Porque lo que es claro es que esto no es mi bicicleta.

Termina de abrirlo y mira sin comprender lo que ve. Lo saca y se lo muestra al público: un palo largo con otro corto y pequeño de aspecto extraño.

ALFREDITO: ¿Qué es esta cosa?

ALFREDO: Una kimbomba. Para que juegues con tus primos en el parque de aquí cerca.

CARMEN: Hemos decidido recobrar nuestras raíces, nuestra familia, nuestra esencia.

GERARDO: ¡¡¡¡¡¡¡SIII!!!!!!!

Gerardo se levanta, abraza a sus papás y se muestra feliz. Reina pone cara de contrariedad pero al final se levanta y abraza también a sus padres.

REINA: Estarán chalados mis viejos pero me encanta verlos felices. Además, esta moda retro de cena navideña está muy cool.

Se abrazan todos los integrantes de la familia en medio de jolgorios y alegría.

MARTHA: ¿Pero por qué? ¿Qué les pasa?

Carmen y Alfredo se miran muertos de risa y dicen entre los dos.

CARMEN: Descubrimos el verdadero sentido de la navidad.

ALFREDO: No se trata de dar cosas materiales.

CARMEN: Si no de darse a uno mismo.

ALFREDO: No se trata de comer comidas deliciosas y caras.

CARMEN: Si no de dar lo que uno tenga para comer con amor.

ALFREDO: Y esto es lo que, pobremente, pero con amor, tenemos para darles: ¡¡¡PAN CON FRIJOLES!!!

Alfredito, resignado y agarrando su kimbomba dice:

ALFREDITO: ¡¡¡PORQUE MÁS VALE COMER FRIJOLES TODOS JUNTOS Y CON AMOR, QUE COMER PAVO DESUNIDOS Y CON ODIO!!!

Se escuchan alegres villancicos y los actores recorren el lugar abrazando a todos y deseándoles una feliz navidad.
F I N