Ojo enamorado

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En tu mirada

miércoles, 11 de marzo de 2015

NEGOCIOS ARQUEOLÓGICOS

TAJADAS ECONÓMICAS
Por Eduardo Ruz Hernández
En un país que, por momentos, parece desmoronarse en pedazos, resulta sorprendente el cómo sus habitantes buscamos nuevos medios para acelerar el caos o complicarnos la vida unos a otros. No deja de llamar la atención el vivo interés que presentan los ejidatarios de Pisté por buscar un pellizco en las ganancias que da la zona arqueológica de Chichén Itzá, una de las nuevas siete maravillas del mundo y un imán para el turismo, tanto nacional como extranjero, que la visita para conocer las prodigios de la civilización maya.
De entrada no se puede culpar a los ejidatarios de buscar ganancias donde ven que todo el mundo las obtiene, comenzando por el Gobierno y terminando por los cientos de vendedores ambulantes que han hecho de Chichén-Itzá el primer gran mercado artesanal posicionado en plena zona arqueológica. Varias voces se han alzado para señalar el gran peligro que este reclamo puede conllevar para el turismo en nuestro estado. ¿Quién va a querer visitar un lugar donde la gente cierra la carretera con piedras y te cobra el paso, más cuando uno no tiene vela en el entierro del pleito y únicamente está de visita?
Con todo, es necesario indicar que lo que los ejidatarios están haciendo, no es nada nuevo en la historia de este México nuestro. Le pondré tres ejemplos muy significativos:
1.- Si quiere usted visitar la zona arqueológica de Bonampak, en Chiapas, para conocer las bellísimas pinturas realizadas por los mayas, se llevará la “grata” sorpresa de que, pese a que hay un camino transitable, no puede pasar por él. Tiene que pagarle a los lacandones, en cuya reserva están las ruinas, para que ellos le lleven. No hay otra opción, es “su” derecho como etnia indígena.
2.- Ir a Yaxchilán, Chiapas, en plena frontera con Guatemala, junto al río Usumacinta, implica un enorme absurdo. Para poder embarcarse y llegar a la zona arqueológica, hay que llegar a una simpática población llamada Frontera Corozal. Aunque parezca increíble, hay que pagar para poder entrar a la población, que no tiene nada de extraordinario ni proporciona ningún servicio gratuito. Así como lo lee. Luego, hay que pagar la entrada a la zona arqueológica en la población, el INAH no cuenta. Y después, por supuesto, hay que pagar la lancha para llegar a ese hermoso lugar situado en plena selva.
3.- Calakmul, Campeche no se queda atrás en los cobros múltiples. Situado en la reserva de la biósfera del mismo nombre, esta zona arqueológica es, a mi juicio, la más grande del área maya en todo México. Está en medio de la selva y conlleva toda una aventura llegar a ella. Ahí también reina el ejido. Con una pluma metálica te impiden la entrada a la carretera de 63 kilómetros que atraviesa la selva. El ejido te cobra por pasar: ¡Por auto y por persona! No, no dan recibos. A los 20 kilómetros, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), te cobra por concepto del acceso a la Reserva, como área natural protegida. Al llegar a la zona arqueológica, el INAH también te cobra. Lo único bueno es que el Museo, dependiente del Gobierno de Campeche, no cobra nada, es extrañamente gratuito, al igual que los mosquitos e insectos.
Así que es comprensible que, en un país donde todos quieren imponer su ley para provecho económico propio, no sea raro que salgan a relucir reclamos de todo hijo de vecino. Es triste decirlo, pero en México tener una actividad que produzca dinero conllevado el tener que pagar a casi todo mundo por eso. ¿Es eso justo, deseable y sano? No, pero lamentablemente es real y esperamos que, en el caso de Chichén Itzá, se le encuentre una pronta solución o acabaremos teniendo que pagar hasta por entrar a las poblaciones. eduardoruzhernandez@gmail.com

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