Ojo enamorado

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En tu mirada

sábado, 8 de octubre de 2011

CRÓNICAS DE ZURHER 3

EL MANDATO

Por Ernesto de la Fuente, Elomnisciente

La llegada al Centro Espacial fue inusual. Varias naves de guerra de la Confederación lo esperaban. Nada más fuera de lo común en ese lejano rincón del espacio. Contó hasta siete y luego dejó que Lazú, su ordenador límbico, terminara la tarea. Había exactamente 23 vehículos espaciales, siete naves de guerra de primer nivel, doce de nivel intermedio, las tres que de cajón siempre estaban en los Centros Espaciales para cuestiones de vigilancia y aprovisionamiento, y una indeterminada que era de las utilizadas por los Centro Diplomáticos y Conciliadores con que contaba la Confederación.

El fiel Milek confirmó el acoplamiento y Rom salió de la nave desplazando su imponente corporeidad por el pasillo conectivo. Un selecto grupo de oficiales, diplomáticos y estadistas, le brindaron una respetuosa recepción. Hazler detestaba la parafernalia del protocolo así que no se detuvo más que unos segundos para saludar levemente con la cabeza, prosiguiendo su camino hacia el Zednem, el centro de reuniones y juntas intergalácticas donde se podían reunir más de 300 seres ubicados a enormes distancias unos de otros, en Hologramas Vernadeanos, que les permitía una comunicación tan real como si estuvieran presentes en el lugar.

Lazú le informó que solamente en el lugar había 143 personalidades importantes, la crema y nata de los representantes de ese sector de las Galaxias. Esto significaba que el asunto a tratar comprometía a cientos de Nebulosas. Con suma rapidez, cada quien fue ocupando una posición alrededor del Zednem, que podría tomarse como una lugar de reunión común y corriente a no ser por la esfera helicoidal que presidía el lugar. Rom se adhirió el círculo comunicador en el pecho y permitió que el operador del Zednem subiera sus datos al sistema. Era cosa de unos microsegundos pero en su caso el sistema tardaba un poco más, lo cual creaba confusión entre los operadores. Milek se encargó rápidamente de dar las instrucciones para que su presencia pudiera ser detectada por el  Zednem.

La luz subió de intensidad y de pronto la sala se vio repleta de “ausencias presenciales”, como se llamaba simpáticamente en el lenguaje técnico la visualización de los Hologramas Vernadeanos. Lazú no tuvo que decirle nada, ya que Rom sabía perfectamente quienes estaban presentes: El Consejo Supremo de la Confederación Galáctica. Una alarma silenciosa se encendió en el cerebro del guerrero galáctico. La situación era más seria de lo que había supuesto. La duda invadió su mente tratando de anticiparse a lo que se diría en la reunión: ¿qué podría ser tan grave para que el Consejo Supremo lo llamara? Porque era más que obvio que él era el centro de la reunión, algo que lo incomodaba tremendamente. Bien sabía que cuando se llama a un guerrero es porque existía una guerra en ciernes.

Se hizo un embarazoso silencio en tanto el Secretario del Consejo, Urly Verlok, hacía las presentaciones de rigor. Otra vez el engorroso ceremonial que tanto detestaba, en especial cuando lo presentaban a él y no sabían cómo llamarlo: ¿Comandante? ¿General? ¿Soldado de la Confederación? ¿Caudillo? ¿Guerrero Intergaláctico? ¿Utilizar alguno de sus sobrenombres como Río Hazler? ¿Gran líder? ¿Faro Luminoso de la Batalla [cómo le decían en el Sistema Aerok]? ¿Arma justiciera [como le decían en el Sistema Otag]?... Eran tantos sus apodos, y tan diseminados por el universo conocido, que era todo un dilema para el protocolo nombrarlo. Al fin, el Secretario Verlok llegó a él y optó por presentarlo con el simple “Rom Hazler”, sin entrar en mayores detalles.

El mapa del Sistema Zurher se desplegó en el cielo del salón y el Presidente del Consejo Supremo, Xile Drago, habló. Era bastante mayor, pero de voz firme, ideas claras y directo al hablar. Sin mayores preámbulos señaló el planeta Zur e informó a todos los presentes:

- Odraude Von Anokna, embajador del Consejo Galáctico ante los Zurheanos, nos ha comunicado que el Consejo Wotox cerrará la Base “Explorador Roznev”, en el planeta Zur, dentro de 13 días.

La noticia cayó como bomba entre los presentes. Los murmullos se desataron. Se escucharon airadas recriminaciones, algunas por la supuesta ineptitud de Von Anokna, a quien se le achacaba la nefasta resolución, otras pidiendo a gritos que se convocara nuevamente como Embajador a Roznev Al Pastrany, “a quien nunca se le debió dejar ir”,  y no faltó quienes exigieron el envío de una fuerza diplomática y militar para disuadir a los Wotoxes de no llevar a cabo su temible “amenaza”.

El Presidente Drago los dejó murmurar por unos minutos. Era un hombre paciente y de enorme prudencia. Luego levantó el báculo de mando, símbolo de los poderes unidos de la Confederación, y el silencio reinó en el Zednen.

- No se trata de una cuestión de embajadores. Esto tiene un trasfondo más profundo.

El mapa en el cielo del salón se desplazó del Sistema Zurher al occidente. Los contornos del imperio Latniuq se vislumbraron.

- La razón  por la cual el Consejo Wotox ha decidido cerrar la Base es porque el Imperio Latniuq, al estar abierto el espacio que la rodea, puede utilizarla para sus propios fines.

La incredulidad se apoderó del rostro de los presentes. Nadie quería abrir la boca, el temor los envolvió en tanto Rom echó la cabeza hacia atrás y suspiró profundamente. Antes que el Presidente Drago continuara, él comprendió la envergadura de la confrontación que se avecinaba. Después de muchos años, el Imperio Latniuq se movía… y en dirección hacia los Sistemas de la Confederación.

La mente de Hazler trabajaba con suma rapidez dilucidando la tremenda movilización que todo eso implicaba y sus nefastas consecuencias para la población de cientos de mundos habitados. Drago  explicaba lo poco que se sabía de esa extraña civilización que habitaba varias decenas de sistemas planetarios. La Confederación Galáctica no había podido establecer ningún vínculo con ellos y la única vez que solicitaron un embajador, al serles enviado en una nave diplomática con 49 tripulantes, los Latniuq informaron que habían sufrido un accidente al aterrizar, por no hacer caso de sus indicaciones. Aunque reportaron  no haber encontrado sobrevivientes, no devolvieron ningún cuerpo. Se negaron a dar mayores explicaciones y no permitieron que ninguna otra nave se acercara a sus dominios.

- Rom Hazler –escuchó pronunciar su nombre con cautelosa determinación- La Confederación le asigna el mandato para establecer la defensa de los Sistemas Planetarios limítrofes con el Imperio Latniuq, así como para elaborar un plan estratégico para derrotarlos si sus fuerzas atacan a cualquier miembro de la Confederación Galáctica.

El guerrero asintió en tanto contemplaba el mapa que mostraba que entre el Imperio Latniuq y la Confederación, sólo mediaba el Sistema Zurher, el mismo que les acababa de informar que se haría a un lado y se encerraría en sí mismo, para no verse involucrado en las aspiraciones expansionistas de un imperio funesto.




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