Ojo enamorado

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En tu mirada

sábado, 15 de octubre de 2011

CRÓNICAS DE ZURHER 4

RETIRADA

Por Ernesto de la Fuente, Elomnisciente

Un leve sonido le indicó que ya habían llegado. Había pasado tanto tiempo de su vida viajando, que su organismo se había acostumbrado a escuchar los imperceptibles sonidos de las diferentes funciones. Y ese, en especial, se escuchaba cuando Milek ponía la nave en posición de aproximación. Miró los instrumentos, el visor espacial, y pudo ver la hermosa inmensidad del planeta Zur. Milek, que lo conocía tan bien como él a la nave, murmuró que en unos instantes se estarían posando en la base “Explorador Roznev”.

Habían sido días de intensa actividad, yendo de un lugar a otro, utilizando los Centros Espaciales del camino para repostar e ir comunicándose, a través del Zednem, con los diferentes encargados de los Sistemas Planetarios limítrofes al Imperio Latniuq, intentando  recopilar información acerca de aquel enigmático imperio… Y todo para darse cuenta de que mientras más investigaban menos sabían. Era en verdad absurdo preparar las defensas y una posible estrategia de ataque cuando el conocimiento sobre el enemigo era casi nulo.

En tanto daba las instrucciones a la nave para realizar el descenso, Milek meneaba la cabeza dándose cuenta de la frustración de su amigo. Algo que debió ser muy sencillo, se había complicado al punto de que habían tenido que visitar varios planetas para hablar directamente con los comerciantes y la gente del lugar, y con base a sus experiencias, anécdotas, leyendas y hasta cuentos, ir armando el rompecabezas de la información que tanto necesitaban.

Se produjo un ligero choque y la nave se bamboleó como si estuviera en medio de una tormenta en los mares de Nebur. Rom examinó sus instrumentos para ver contra que estaban chocando. No había nada, ni los instrumentos registraban obstáculo alguno. Milek le dijo contrariado:

-Es como si la atmósfera del planeta fuera impenetrable. No puedo ingresar como me pediste.

Rom movió la cabeza y rectificó sus instrucciones:

-Sigue la ruta aprobada a la Base. Los zurhereanos están cerrando sus defensas al máximo.

Milek sonrío.

-Bueno, era de esperarse. Hoy es el último día de funcionamiento de la base.


La base se encontraba en estado caótico, como si se evacuara por el próximo ataque de una fuerza enemiga. Cientos de naves repostaban y se marchaban con extrema rapidez. Milek maniobró y estacionó la nave lo más alejado de aquel alboroto. La cerca que delimitaba la base lucía extraña, amenazadora. La única puerta que permitía el paso entre Zur y la Base, estaba resguardada por cientos de extraños robots. Rom descendió de la nave y se dirigió hacia el Centro de Comando, donde encontró un caos peor que el que visualizaba entre las naves. Los operadores empacaban a toda prisa e iban desconectando la sofisticada maquinaria de coordinación de la navegación espacial. Habían dado la orden de que todos se marcharan, pero por un  motivo u otro se había desatado una psicosis de pánico. Tal parecía que los Latniuq estuvieran a punto de aterrizar y tomar la base.

El vozarrón de Hazler se escuchó y todo el mundo quedó petrificado. Rápidamente identificó las cadenas de mando y dio instrucciones precisas para proceder. Los operadores, ante las órdenes claras y precisas, actuaron en consecuencia. En menos de diez minutos reinó nuevamente el orden en la base. Contra lo que podría pensarse, el proceso de desalojo se hizo más rápido, pero en completo orden y sin mediar pánico alguno. Les quedaban 77 minutos para desalojar la base y Hazler no estaba dispuesto a perder ninguno de esos minutos en controlar acciones de pánico. Dejó a Milek a cargo y salió para encaminarse a la puerta.

Los robots zurhereanos cerraron filas al verlo llegar. Rom les ordenó que se hicieran a un lado pero ellos no obedecieron. Fue entonces que sacó su pistola desintegradora y la accionó. No sucedió absolutamente nada. Tal parecía que era un arma de juguete. Hazler sonrío. Era la primera vez que estaba en el planeta Zur, por increíble que pudiese parecer la idea, y conocía perfectamente lo que se decía de él. Ningún arma funcionaba al entrar en el Sistema Zurhereano. No se inmutó sino que avanzó hacia la puerta. Los robots se hicieron para atrás. Era obvio que no deseaban ninguna confrontación.

Rom se detuvo y miró hacia la puerta. Necesitaba estar al tanto de lo que los wotoches sabían de los Latniuq. No podría defender la Confederación Galáctica, ni muchos menos derrotarlos, sino lo ayudaban. Como si alguien lo hubiera escuchado, se abrió la puerta y entró a la base un joven resplandeciente. No había duda de su identidad, eran el segundo embajador de la Confederación Galáctica ante los wotoxes, Odraude Von Anokna.

Los robots le abrieron paso y se retiraron detrás de la puerta, custodiándola. Rom se acercó al embajador con una mueca de amargura. No acababa de comprender que papel desempeñaba, si eran en verdad un representante de la Confederación o un simple sirviente de los wotoxes.

-El Consejo de los Wotoches te mando un muy cordial saludo Kel Hazler.

La amarga incertidumbre dio paso a un legítimo asombro ¿cómo era posible que de todos los sobrenombres que poseía por el vasto universo, los wotoches conocieran el de Kel, el reservado exclusivamente a sus más íntimos amigos y allegados?

-El Consejo me ha pedido que me entreviste contigo antes de cerrar la Base para darte tres indicaciones –Odraude hizo una breve pausa y continuó como si alguien le estuviera diciendo algo al oído y él sólo lo estuviera repitiendo.

-Comprendemos perfectamente el motivo que te trajo al planeta Zur, pero debes entender que somos amantes de la paz y la armonía entre todo lo viviente. Es por eso que no podemos explayarnos en darte la información que necesitas.

Amargura, asombro y perplejidad, eran demasiados sentimientos experimentados en tan poco tiempo. Rom dejó su mente en blanco para no traslucir nada.

-No obstante, tampoco estamos a favor de la muerte ni de la destrucción de millones de seres. Es por eso que el Consejo Wotox ha decidido dirigir tus pasos al lugar donde puedas encontrar lo que estás buscando.

-¿Y qué lugar es?- Preguntó Rom viendo que los minutos del plazo iban despareciendo, en tanto las naves despegaban.

-Debes ir al Sistema Aaragón, al planeta del mismo nombre. Busca en el cuadrante sur el monte Sohta  y ahí encontrarás al etrum Syod. Él te dará la información que necesitas para llevar a cabo tu cometido.

Rom tomó nota de las implicaciones de esta nueva búsqueda.

-La segunda indicación es un consejo: apóyate en la fuerza de los más débiles.

-¿Es todo? –inquirió Rom algo decepcionado.

Odraude se quedó quieto como esperando algo. La alarma de evacuación comenzó a sonar y una dulce voz arengó al personal a subir al último navío espacial para partir. Milek encendió los motores de la nave preparándose para alzar el vuelo.

Un robot se abrió paso entre los demás y le trajo una caja al embajador. Él la tomó suavemente entre sus manos y se la ofreció a Rom, quien la sujetó con igual delicadeza.

-Esta es la tercera indicación del Consejo Wotox, para que uses cuando así lo requieras.

Rom abrió la caja y encontró una bellísima empuñadura de espada. Nunca había visto nada igual. La sujetó dándose cuenta que se amoldaba perfectamente a su mano y la blandió sin demostrar sentimiento alguno. No contenía hoja de espada alguna.

-Gracias –dijo con fuerte voz. La sujetó junto a su pistola y devolvió gentilmente la caja. Inclinó la cabeza y corrió a su nave en tanto la suave voz mascullaba los últimos minutos de la evacuación. Milek cerró la compuerta y la nave se alejó como un suspiro hasta perderse en las alturas.

Los robots limpiaron perfectamente todo vestigio de la presencia humana y Odraude clausuró la base en tanto el Sistema Zurhereano quedaba vetado a cualquier nave intergaláctica.




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