Ojo enamorado

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En tu mirada

lunes, 20 de abril de 2015

DENUNCIA



 NI UN PESO A DANTE
Por Eduardo Ruz Hernández

Murakami tiene la culpa de que ya no quiera nada con Dante. Nadie más que él. Comencé a leer sus libros y me obsesioné. Su narrativa me cautivó, no tanto por la descripción musical que hace en sus libros, ni por los lugares y alimentos que sus personajes visitan e ingieren, sino por los gatos, eso adorables felinos omnipresentes en todos sus escritos.

Así que cuando salió a la luz su último libro, Hombres sin mujeres, enseguida quise cómpralo. Pero había un pequeño inconveniente: no tenía dinero para mis gustos, únicamente para mantener a mi familia. Esperé mejores tiempos pero, cada vez que entraba a una tienda donde vendieran libros, revisaba cuidadosamente si tenían el de Murakami.

Ya sabía su precio: $229 pesos. Lo vi en Gandhi, lo confirmé en Sanborns, pero no fue sino hasta que visité a Dante, en que al fin me animé a comprarlo. Pagué con un billete verde de doscientos pesos, un billete azul de veinte pesos y una moneda amarilla de diez. Me entregaron el libro en una bolsa y la nota de venta. Me quedé parado esperando el cambio: un triste peso. Como la dependiente no hizo ademán de hacerme caso ni de dármelo, le indiqué que el libro costaba $229 pesos.

Entonces ella, para mi sorpresa, me dijo que viera bien, que el libro costaba $229.90. No me lo creía. Me resultó indignante que Dante le atribuyera noventa centavos más al precio. Y, lo peor, la mujer no hizo el menor intento, pese a ver mi reclamación, de darme los diez centavos del vuelto. Esa adorable monedita plateada que, para mí, vale mucho más que un peso porque las atesoro en sendos cochinos de barro en mi cuarto.

No quise seguir alegando nada, es propio de gente sin educación hacerlo, pero me fui sumamente indignado por los noventa centavos que me robó Dante, y los diez centavos que me robó doblemente la encargada.

Tal vez usted no lo sepa, pero los precios de los libros en México, por Ley, deben ser iguales en todas partes… menos en Dante.

Lo siento Dante, sé que esto a ti no te importa, pero no vuelvo jamás a comprar un libro contigo. Acabas de perder a un usuario. Todo por noventa centavos y una brillante moneda color plata de diez centavos. Los robos no se dan solos, van siempre acompañados. No me lo dijo Murakami, lo aprendí con Dante.

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