Ojo enamorado

Ojo enamorado
En tu mirada

miércoles, 29 de abril de 2015

TEXTEANDO 7

CALOR
Por Eduardo Ruz Hernández

La temperatura era en verdad terrible. Habría unos 43 o 44 grados Celsius. Sentía que la vida se le escapaba por los poros y que el calor lo abofeteaba al moverse.
-El sol está que muerde –dijo sin dirigirse a nadie en particular.
Ni una nube, ni un poco de brisa. Se movían despacio sufriendo la desdicha de tener que caminar en descampado. Nadie hablaba. Había que cuidar el aliento.
Un pájaro cruzó el horizonte. Batía las alas con desesperación. A medio vuelo, como si le hubiera alcanzado una flecha, detuvo su aleteo y cayó como piedra. El ruido al estrellarse contra la tierra fue seco. Todos lo voltearon a ver. Había que seguir caminando o ellos seguirían.
Maldijo no haber traído sombrero. ¿Quién demonios había hecho pasar de moda el usarlo? El ser calvo lo perjudicaba más que a los que tenían pelo. Notó que bajaban el ritmo. Pesaban los pies y arreciaba la sensación térmica. Se estaban ahogando en su propio sudor.
Alguien cayó al suelo. Nadie hizo nada por ayudarlo. Algunos comenzaron a quedarse parados como postes. Ya no podían seguir más. Él cerró los ojos y siguió avanzando. Cada vez más sólo, cada vez más lento.
Cuando se dio cuenta estaba en el suelo. No escuchó ruido alguno ni sintió el golpe. El sol lo abrasaba, le carcomía la piel al caer a plomo. Ni una nube, ni un árbol, ni un solo ser vivo. El sol había ganado. Nadie podía resistírsele.

Abrió los ojos y se sintió flotar. El sudor y la noche lo envolvían. Emitió un gemido. Alguien se movió en otra nube. La voz de reproche de su esposa le devolvió a la realidad:
-Si hubieras comprado un aire acondicionado, no tendrías pesadillas ni estaríamos padeciendo. Ya ni dormir en hamaca ayuda.

Él no respondió, ¿para qué?, simplemente sacó el pie y pateó la pared para mecerse en tanto el ventilador vomitaba aire caliente... 

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