Ojo enamorado

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En tu mirada

sábado, 11 de septiembre de 2010

SANTA LUCÍA EN EL OLVIDO

LA HISTORIA SE NOS CAE A PEDAZOS (*)
Por Eduardo Ruz Hernández
Enfrascados en dimes y diretes, exaltando y renegando de nuestra historia, porfiando por reconocer o desconocer a quienes fundaron o refundaron esta hermosa ciudad donde vivimos, los meridanos recibimos el bicentenario del inicio de la lucha por la Independencia de nuestro México.

Para bien o para mal, este septiembre todos los ojos estarán puestos en nuestro señorial Paseo de Montejo, pero pocos o casi nadie, reparará en uno de los rincones más tradicionales, históricos y bellos de nuestra Muy Noble y Leal Ciudad de Mérida, la de Yucatán. Me refiero al otrora hermoso Parque de Santa Lucía, hoy sumido en el más cruel y horroroso abandono, pese a que cada jueves es el escenario, desde 1965, de la muy tradicional “Serenata Yucateca”, ventana abierta al turismo Nacional e Internacional que nos visita.

No hay que ser arquitecto, ni mucho menos ingeniero, para darse cuenta que los Portales de Santa Lucía están a punto de dar con sus piedras en el suelo. Llenos de humedad, cuarteados, sumidos en el abandono, han sido cercados con cinta amarilla y vallas metálicas para que ningún hijo de vecino los acompañe en su agonía. Me pregunto: ¿Por qué el abandono?

El 6 de noviembre de 1804 el gobernador y capitán general don Benito Pérez Valdelomar promovió ante el Ayuntamiento la conversión “en una plaza vistosa y agradable el muladar fétido y asqueroso de Santa Lucía”. Para esto, diseñó la plazoleta cuadrada y pidió a los dueños de las residencias, José Miguel Quijano dueño de la ubicada en el lado poniente y doña Tomasa Argüelles de la ubicada en el lado norte, que construyeran portales con arquerías en los frentes de sus casas, lo cual cumplieron ambos. Los portales se construyeron con sencillez: se hicieron 24 arcos sostenidos por columnas dóricas rústicas, 11 mirando al oriente y 11 al sur, más uno de acceso por cada calle, la 55 y la 60.

En el transcurso de los años, numerosos yucatecos, como el Ing. David López Cortés, tuvieron la dicha de vivir amparados bajo sus arcos, hasta que a principios de los años setentas un particular se las dio por ir comprando predios con miras a establecer un negocio. Por una u otra razón, el negocio no prosperó y, para colmo, las residencias quedaron vacías, vendidas por sus dueños a un malogrado proyecto. Esto ha ido asesinando lentamente los portales, ya que el dueño de los predios no ha invertido peso alguno en su conservación y/o reparación. ¿Qué nos queda? ¿Esperar a que se caigan?

Considero que el Ayuntamiento de Mérida debe dar un plazo perentorio al dueño para reparar los históricos portales y, en caso de que no cumpla, expropiarlos junto con los terrenos adyacentes por una real y verdadera causa de utilidad pública. Esos terrenos son un excelente lugar para que el Ayuntamiento ubique muchas de sus dependencias y, si lo considera, también podría construir locales para poner a la renta y recuperar la inversión: galerías de arte, librerías, algún restaurante o cafetería, podrían ser buenos inquilinos para inyectarles nueva vida.

Dejar que los portales se caigan sería algo imperdonable para nuestra Mérida ya que son pate del patrimonio cultural que tenemos la obligación de dejarles a nuestros hijos. E.R.H. eduardoruzhernandez@gmail.com
(*) Este artículo fue mandado al Diario de Yucatán para su posible publicación, pero no se consideró de interés, por lo que doy permiso para que cualquier períodico o revista lo reproduzca, ya que la historia es patrimonio de todos.

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